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sobre el debido proceso #1739-92
| Poder
Judicial y procesos de cambio Lic. José Manuel Arroyo Gutiérrez |
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Desde nuestra perspectiva el asunto es tan delicado, que debemos abordarlo con el cuidado del cirujano que interviene la columna vertebral de un organismo. Hay dos grandes vertientes que deben atenderse: la cuestión referida a la reforma organizativa y funcional del Poder Judicial, cuyo tema central se refiere al gobierno y administración de esta entidad pública; y el segundo a la transformación y modernización de las leyes procesales y sustantivas que se aplican. Sería absolutamente injusto desconocer los esfuerzos que en ambos sectores se han realizado desde hace muchos años en nuestro Poder Judicial. Desde la conquista constitucional del 6% del Presupuesto Nacional para cubrir sus necesidades, logro que se acerca a los cincuenta años de vigencia, pasando por una inversión enorme en infraestructura y capacitación de su personal, hasta los esfuerzos hechos en los últimos años por dotar de computadoras y sistemas modernos de comunicación a todo el sistema judicial, así como las reformas en la jurisdicción constitucional o procesal penal; o la instauración de una carrera profesional debidamente reglamentada para los jueces, que les asegure estabilidad laboral e independencia plenas. Todos estos esfuerzos han colocado al Poder Judicial costarricense muy por encima del promedio regional y sigue siendo ejemplo a imitar por otras naciones, según criterio de expertos y organismos internacionales. Tampoco se puede desconocer que a través de su historia, a este poder de la República se le han ido imponiendo tareas y cargas nuevas que hoy lo tienen en el límite de sus posibilidades, y con exigencias presupuestarias que desbordan el mínimo constitucionalmente garantizado. De hecho, en los períodos fiscales de los últimos tiempos, ha sido indispensable un 7% del presupuesto nacional y se prevé hasta un 9% para los años futuros. Nuevas entidades como el Ministerio Público, el Organismo de Investigación Judicial, la Defensa Pública, para citar sólo las más relevantes; nuevas jurisdicciones de la talla de la Sala Constitucional, así como el crecimiento normal de oficinas administrativas y jurisdiccionales a lo largo y ancho de todo el país, han hecho que bajo el alero del Poder Judicial crezcan fecundas responsabilidades y tareas novedosas, que hay que atender, y para lo cual se requieren cada vez más recursos. Por
su parte, si bien algunas áreas jurisdiccionales, como la penal,
y quizá por el impacto social que esta materia tiene, ha experimentado
importantísimas trasformaciones desde hace treinta años,
en orden a la modernización y agilización de sus procedimientos
por medio de la oralidad y publicidad; lo cierto es que otras ramas
del derecho, igualmente importantes, se han visto rezagadas y todavía
arrastran sistemas procesales y leyes sustantivas anacrónicas
e ineficientes. Ciertamente, no todos los esfuerzos que se han hecho en uno u otro ámbito susceptible de reforma, ha tenido éxito. Estoy convencido que en el tema de lo que ha dado en llamarse "megadespachos", sin volver al pasado, hay importantes correctivos que imponer con la mayor brevedad posible. También es cierto que, en otro orden de ideas, hay que realizar, también con prontitud, una redistribución funcional que releve a la Corte Plena de una serie de tareas menores y simultáneamente signifique el afianzamiento de una Consejo Superior que, reforzado y con mayor representatividad democrática, asuma las tareas de gobierno y administración del Poder Judicial. Hay que darle al cuerpo de jueces nacional la posibilidad de nombrar directamente a sus representantes en ese organismo. También hay que entrarle al tema de la redefinición y reubicación institucional, que toque el Ministerio Público, el Organismo de Investigación Judicial, la Defensa Pública, la Dirección de Notariado, la Sala Constitucional, etc. Me parece que en la descentralización y autonomía económica, más que en la independencia total, puede estar la clave para resolver el tema de estas instituciones. La promulgación de un Código General, de una ley procesal para lo Contencioso-Administrativo y otra para lo laboral, según lo ha diseñado ya un acuerdo de la Corte Plena, vertebrados a partir de la oralidad, puede igualmente ser aportes que ayuden de manera importante en la modernización de la administración de justicia. En este punto, la discusión y definición de los proyectos, así como las previsiones económicas de lo que su implementación va a significar, son aspectos que no pueden dejarse de lado a la hora de llevar de concretar estas transformaciones. La reforma al régimen disciplinario y de la Inspección Judicial, en dirección a conformar un Tribunal por jueces experimentados, a plazo fijo y no indefinido como lo es ahora, y en orden, en lo sustantivo, a garantizar la independencia del Juez en tanto garante de los derechos del ciudadano, constituye otra área de reforma que no puede seguir esperando. Y en fin, el fortalecimiento de la carrera judicial, la instauración de programas de capacitación, tanto iniciales como de formación continua, así como el otorgamiento de becas de postgrado, en el ámbito nacional como en el internacional, podrán seguir dando vigencia a un cuerpo de jueces especializados, de sólida formación académica y que aseguren la vigencia de un Poder Judicial vigoroso y garante la institucionalidad democrática del país. En
definitiva, la ciudadanía, los abogados litigantes y los funcionarios
públicos vamos todos en el mismo barco. En lugar de propiciar
las luchas sectoriales o incluso personales, debemos unir esfuerzos
alrededor de lo que está claro, a saber, la necesidad de impulsar
los cambios que mejores, humanicen y hagan más eficiente la administración
de justicia. En todo caso, ninguna de estas transformaciones va a ser
posible, sin la participación activa y transparente de todos
los involucrados, los jueces y los ciudadanos y profesiones que demandan
este servicio; el Colegio de Abogados y sus agremiados; por supuesto
las instancias legislativa y ejecutiva del República y sin duda,
todas las organizaciones ciudadanas por medio de las iniciativas colectivas
o individuales que puedan colaborar en esta importantísima tarea
democrática. |
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