
Dr. Eusebio Figueroa
Primer presidente del Colegio de Abogados
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Rodolfo E. Piza Escalante, in memoriam
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Directiva
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Poder Judicial y procesos de
cambio
Los
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Revista
de Ciencias Jurídicas
Terceros de Buena Fe
Trastorno
Ficticio por Poderes: "Síndrome de Münchausen By Proxy"
Prejuicios
y defenss penales
Régimen
de Seguridad Social
Colegio
de Abogaados Areas Deportivas
Sentencia
sobre el debido proceso #1739-92
| Con
todas las de la Ley Sobre la creación del Colegio de Abogados y su primer presidente Gustavo Naranjo Chacón |
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Esta
obra legitimadora se manifestó a través de diferentes
formas: el estudio de la historia y la geografía como forma de
asegurar las fronteras; la creación de instituciones nacionales,
la guía del país desde los puestos de Gobierno y por supuesto,
la expansión consecuente de la profesión. Aunque intrincado,
este proceso es fácilmente ejemplificado con la supervivencia
de la Facultad de Derecho a la Universidad de Santo Tomás, lo
que la convierte en el claustro universitario más viejo del país. Es por supuesto necesario recordar algunas de las características propias de esta asociación, mismas que diferencian al nuestro de los cuerpos similares en el extranjero. Y la más notable de éstas se encuentra en su propia fundación: aunque oficialmente el 12 de Octubre de 1887, con la promulgación de la primera Ley Orgánica del Notariado, que se reconoce de jure la existencia del Colegio de Abogados de Costa Rica, la institución ya tenía seis años de funcionar. Por cierto que ésta, cuya principal función continua siendo la perpetua vigilancia en el desempeño de la profesión, había nacido el 6 de Julio de 1881 en el seno de la primera asociación de profesionales en Derecho, quienes buscaban a través de distintas formas asegurar la calidad de aquellos que buscasen convertirse en practicantes del oficio. Podemos
afirmar con esto que el Colegio de Abogados nació como una institución
de carácter gremial, la cual buscaba centralizar la práctica
del Derecho en torno a sí misma, pues con razón y más
allá de la coyuntura histórica y los procesos envueltos
en su creación, únicamente había que lanzar una
mirada al origen tan variado de los abogados para comprender las necesidad
fiscalizadora de la corporación. Nacido en Cartago en mayo de 1827, quien fuere el primer Presidente de la institución que agremiaba a los baluartes del Estado Costarricense irónicamente fue nieto del el primer golpista de la historia nacional: el monárquico Joaquín de Oreamuno y Muñoz de la Trinidad, ente protagónico de la Batalla de Ochomogo, primera guerra civil del país. Doctorado en Derecho en la Universidad Oriental de Nicaragua -pues las otras opciones eran la Universidad de León o la de San Carlos en Guatemala- antes de volver a Costa Rica desempeñó gran cantidad de puestos públicos en aquel país, entre ellos un escaño en la Cámara de Representantes, así como varias Secretarias de Estado en nuestro país durante los gobiernos de Jesús Jiménez y Bernardo Soto. Sería precisamente durante su ejercicio en esta administración que murió durante un duelo en contra de León Fernández Bonilla. Era el 11 de agosto de 1883. Pero regresando al Colegio de Abogados, la institución que comenzó su tarea como un ente gremial y corporativo destinado a vigilar la práctica del derecho -y que dentro del largo proceso se convertiría en una de las instituciones fundamentales en la consolidación de una aplicación independiente de la justicia- ha visto, como debe hacerlo todo organismo vivo y dinámico, la necesidad de replantear sus funciones, ampliarlas y diversificarlas con el fin de mantenerse vigente dentro del cambiante paradigma social, demostrando así que de cara a un nuevo milenio, la centenaria institución se yergue y sobrevive con todas las de la Ley. |
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